Al otro lado de la luz | Sergio Carrión
1555
post-template-default,single,single-post,postid-1555,single-format-standard,bridge-core-2.5.6,ajax_fade,page_not_loaded,, vertical_menu_transparency vertical_menu_transparency_on,qode-title-hidden,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-24.1,qode-theme-bridge,disabled_footer_bottom,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-6.4.2,vc_responsive,elementor-default,elementor-kit-9

Al otro lado de la luz

Al otro lado de la luz
donde crecen los niños y no hay parques solitarios,
aún quedan risas para que dejemos de estar tristes. ¿Por qué creímos al principio que nuestro papel era el de secundarios? personajes algo prescindibles, no muy perfilados, a la espera de un momento de heroicidad y poder decir las palabras. Lo esperamos toda la vida, una luz que nos guiase
en las noches oscuras. Una amistad cómplice con las estrellas, siempre estuvieron cuando fuiste a mirarlas (aunque no las vieses). Allí en el lugar al que llegan las certezas, se llena el aire realmente de algo que podemos respirar
sin sentirnos enfermos,
malheridos, decepcionados etc.
Todo lo que hicimos fue juntar los labios, deshacernos de la ropa pues ya no importaba, y dejamos que el mundo se secase mientras nos miramos infinitamente
sabiendo en los rostros el espacio al que estamos destinados. No es el mundo grande, en fin
tanto como los cuerpos infinitos
que pueden filtrarse imperceptibles bajo la piel. Ahí donde tu carne termina, se abre la verdadera habitación a la que vamos. El caminar es incierto porque hasta llegar iremos con los ojos cerrados. No tocaremos nada no podré prometerte amor
hasta que lleguemos

Sin comentarios

Publica un comentario