No podemos jugar | Sergio Carrión
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No podemos jugar

No podemos jugar. Ya no había palabras, se fueron las últimas personas que conocimos, nuestros corazones se hicieron inútiles
órganos a los que nada afectaba, se volvió el mundo
en ese cuadro de grises, se secaron tus labios frente a mi boca, ya no habría más temblores que acompañasen el ritmo frenético de la alegría, no habría por qué llorar, yo sentiría el dolor por ti, yo cruzaría el océano que aún no hemos descubierto, cantaría aún sin saber mi voz (hace tiempo la olvidé). Leí tantas palabras de amor, verás, ya no creo en fantasmas. La oscuridad no me da miedo, morir no es peligroso, en la vida ocurren momentos de lucidez. Por fin tengo en las manos pequeños cristales de los sueños, te envío el puzzle de la noche, cuando lo termines descenderé bajo la luna y solo para que sepas
que tú y yo ya estábamos antes del mundo. Pero está tan solitaria la casa, sus pasillos permanecen dormidos, las ventanas recriminan la pasión de los viandantes. Ha sido este año extraño (cada vez lejos significa tarde). Quisiera que me creciese una flor en la mirada y tener los ojos bellos cada día. No necesitar a nadie ni siquiera a ti, ni la más necesitada de tus virtudes, el más anhelado toque de un cuerpo. Nada ocurre si dejas que me escape. Caeremos eternamente sin dolor, también te lo digo. Pero caeremos y la eternidad es realmente eterna, no como en esas novelas donde las cosas terminan. El final es lo que no acaba en ti cuando me marcho. ¿Creerás en mí para que exista? ¿Llenarás tus palabras de significado y será ven? Hace tiempo vacíe mi armario, reordené las fantasías, acepté ser adulto y seguir creciendo. Las plantas saben cómo aprovechar el aire; tú y yo vivimos tratando de imitarlas. Te acercas a mí pero estás dolida, quisieras tener paz y despertar aún en el amanecer. Solo ocurre algunas veces que el sol ilumine centímetros de tu piel en las sombras. ¿Acaso crees que no te confiaría? todo lo que sé y lo que escribo, la verdad o la pena, los maravillosos instantes antes de quedar dormidos. Porque hay en ti algo extraordinario, que todo el mundo me contó de otras personas; yo lo vi en ti
tan claramente.

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